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/ / / / / / / Un abrazo no basta

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Hoy sé que un abrazo no basta, simplemente no podría hacerlo, a veces la camisa que llevo puesta me asfixia, reduce mis movimientos, son estos pequeños momentos que odio, no me dejan recordar, me aislan de ustedes. 
Fue en noviembre, en una de las ya habituales salidas que realizábamos, íbamos al parque, en donde una salida de rutina se convirtió en una aventura más, entre los juguetes favoritos por llevar, los caprichos por cumplir, de esos de último momento que implicaban llevar golosinas, termine llevando tantas cosas que cualquier persona que nos hubiese visto pensaría que nos íbamos a acampar, pero no, solo íbamos por un descanso, un alto a los quehaceres del hogar, un respiro para ustedes y para mí, mis planes eran que se agotaran, llegar después a preparar la cena, a acostarlos y a dormir, dejarlos en sus camas e irme a mi habitación, a dormir, quizás a leer, recuerdo que tome un libro de mi mesa de noche, recuerdo haber leído unas líneas, me dormí quizás pensando en la lista interminable de pendientes que tenía aun por hacer, o pensando en las líneas leídas, la verdad no lo recuerdo., ni siquiera recuerdo como llegamos a nuestra casa.
Lo que si recuerdo es el miedo que sentí al despertar, una mamá conoce los llantos de sus hijos, sé cuándo es por un golpe, por falta de atención o por los diversos motivos que pueden llegar a tener los niños para llorar, pero aquel grito no lo había escuchado nunca, y francamente espero no volverlo a oír jamás. Corrí, es más me caí de la cama, desorientada busque el interruptor, el silencio fue mi única compañía, asustada fui hasta su habitación, ambos dormían, pensé que había sido un mal sueño, quizás el cansancio me estaba pasando la cuenta y comenzaba a imaginar cosas, volver a dormir cuestionándome la naturaleza de aquel grito, fue casi imposible, a la mañana siguiente la rutina se hizo presente, no recuerdo nada en particular de ese día, solo sé que al llegar la noche nuevamente me dormí algo inquieta. 
Decir que los días se volvieron semana es algo tan obvio que no sé por qué lo menciono, cada día vivíamos como si fuese el último, jugábamos y reíamos hasta más no poder, ustedes se peleaban por los mismos juguetes. Viernes de pizza, nuestro día favorito, pocas cosas cambiaban en nuestra rutina, cada jornada se hacía más corta, las horas no me alcanzaban para abrazarlos lo suficiente, hoy sé que un abrazo no basta.
Me pregunto si acaso son años los que he estado sentada acá pensando en ustedes, ya no me duermo inquieta como antes. A veces sigo escuchando el grito, aquel clamor desgarrador, en ocasiones sigo gritando por ayuda, pero por más que grito siguen sin moverse, mis niños ya no están, por eso vuelvo a dormir.
Me pregunto en qué parte nos quedamos, les leeré un cuento nuevo, hoy los acompañaré, jugaremos de nuevo hasta más no poder, como cada día acá en esta habitación; deberíamos pintar las paredes, son muy blancas, quiero cambiar muchas cosas pero entonces recuerdo que estoy encerrada y ustedes no están. Entonces regreso a dormir, vuelvo a aquel día y a los siguientes, tenemos mucho tiempo, van a querer cenar pizza, no importa que no sea viernes, dulces sueños. 

-Saltamontes 
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