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Reseña: Crónica de una muerte anunciada








Obra  incluida en la lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX del periódico español El Mundo.



Obra de extremo realismo, con una narrativa intrigante y apabullante, basada en un hecho histórico acontecido en la tierra natal de escritor Márquez en 1951. Presentada en formato de novela corta como una novela periodística y narrativa al estilo novela policial, como la reconstrucción de una historia: un narrador en primera persona y testigo de algunos hechos asume, años después del suceso, la función de investigador para reconstruir la historia mediante informes, cartas, testimonios diversos y su memoria (pues él mismo estuvo en el pueblo el día de la boda).

Sin duda una excepcional técnica narrativa que otorgaría un año después ser el premio nobel de literatura a García Márquez y un estilo extraordinario con matices dentro del realismo mágico tan gustado por el autor.

Una apuesta arriesgada atreviéndose a iniciar una obra con la consumación; la muerte, la muerte de Santiago Nassar, redactada por todo un pueblo que conocía el trágico final, menos el mismo Santiago Nassar.

[Si algo puede salir mal, saldrá mal – Ley de Murphy]




Nunca hubo una muerte más anunciada.


Sinopsis El día que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana para esperar el buque en que llegaba el obispo.

Había soñado que atravesaba un bosque de higuerones donde caía una llovizna tierna, y por instante fue feliz en el sueño, pero al despertar se sintió por completo salpicado de cagada de pájaros. «Siempre soñaba con árboles», me dijo Plácido Linero, su madre, evocando 27 años después los pormenores de aquel lunes ingrato. «La semana anterior había soñado que iba solo en un avión de papel de estaño que volaba sin tropezar por entre los almendros», me dijo. Tenía una reputación muy bien ganada de intérprete certera de los sueños ajenos, siempre que se los contaran en ayunas, pero no había advertido ningún augurio aciago en esos dos sueños de su hijo, ni en los otros sueños de los árboles que él le había contado en las mañanas que precedieron a su muerte.

Tampoco Santiago Nasar reconoció el presagio. Había dormido poco y mal, sin quitarse la ropa, y despertó con dolor de cabeza y con un sedimiento de estribo de cobre en el paladar, y los interpretó como estragos naturales de la parranda de bodas que se había prolongado hasta después de la media noche.





“ -Anda, niña: dinos quién fue.
Ella se demoró apenas el tiempo necesario para decir el nombre. Lo buscó en las tinieblas, lo encontró a primera vista entre los tantos y tantos nombres confundibles de este mundo y del otro, y lo dejó clavado en la pared con su dardo certero, como a una mariposa cuya sentencia estaba escrita desde siempre.
-Santiago Nasar dijo”.



Sergio Mora
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